A Chris le encantaban las herramientas, especialmente las motosierras. Un día, al salir del trabajo, fue al bar de la esquina. En él, se encontró a un compañero de trabajo suyo, Irving. Su compañero le invitó a varias cervezas, y él, aceptó. Volvió a casa a la una de la madrugada. Medio borracho, se sentó a ver la tele en el salón. Daban una película de terror, y se quedó a verla. A las tres de la madrugada, terminó la película, y, para quitarse el miedo, se puso a aserrar cosas con su motosierra. Pero, al rato, oyó unos ruidos que provenían de la escalera, y él, asustado, apuntó en dirección a la puerta de la que provenían los ruidos. La puerta se abrió, y de ella salió su mujer, pero, por su borrachera, Chris se pensó que su mujer era un ladrón que había venido a robar, y Chris, asustado, encendió la motosierra y mató a su mujer. Al día siguiente, cuando se despertó, se acordó de lo que había ocurrido la noche anterior, y rápidamente, bajó al garaje, y vió el cuerpo de su mujer partido por la mitad. Perplejo por lo que veía, no pudo aguantar el dolor, así que cogió un cuchillo de cocina, para suicidarse y volver a estar con su mujer en el otro mundo. Su vida ya no tenía sentido.
Este año, en Miami, había muchos turistas. Venían de muchos países distintos: Panamá, Colombia... Todos los señores y señoras se encyentran alojados en hoteles, pero de los que vamos a hablar ahora, se encuentran en el hotel Nef. Los que están en ese hotel no se conocen, pero algunos días se ven en la piscina y en el buffet, comenzaron a hablar y se hicieron buenos amigos. Hoy, era el último día que estaban en Miami, y cada pareja hizo un tour. Laureano y Odalinda visitaron Naples, y cuando acabaron, se tomaron unos helados con Filiberto y Raquel, que visitaron Coconut. Luego llegaron a la plaza Jeremías y Mauricia, a quines les había encantado Downtown. Ahora están mirando unos escaparates de la plaza. Es una tienda de moda. Gerónimo y Noemí vienen de Bal Harbour, y ahora están hablando felizmente sobre su visita, cogidos de la mano. Son una feliz pareja. Por último, también se encuentran en la plaza Ildo y Servia, que, en su visita a South Beach, se pararon en la tienda de regalos a comprar unos recordatorios. Más tarde, volvieron al hotel, hicieron las maletas y se fueron en avión a su país. Habían sido unas buenas vacaciones para ellos.